Los bombones belgas son estándar con el que se mide el resto: cáscara de chocolate fina, relleno de praliné suave y ese punto de avellana tostada que lo hace inconfundible. Esta categoría se centra en el bombón belga de praliné de Mon Praliné, presentado en formato de estuche, el que se compra para regalar, para llevar a una casa ajena o para poner en la mesa cuando llegan visitas. Es un producto de impulso y de ocasión, que se dispara en fechas señaladas y que aporta un ticket medio alto a la sección de chocolates.
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