Las chuches son una de las categorías más constantes y rentables del punto de venta. Bajo el catálogo de las golosinas conviven las gominolas de goma masticable, en sus versiones azucaradas y ácidas, las nubes esponjosas, los caramelos y las piezas con formas reconocibles: aros, animales marinos, frutas en miniatura o imitaciones de comida que hacen sonreír antes de abrirse. Hay sabores clásicos de fresa, cola, melocotón o sandía y toda la corriente ácida que arrasa hoy entre niños y adolescentes, además de rellenos líquidos de sabor intenso. Estas chucherías se presentan en bolsas individuales, el formato natural del expositor de caja, donde la compra se decide en el último segundo y el ticket sube sin que el cliente lo piense.
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